Pregúntales, crea las condiciones y deja que prueben
Nuestra
misión como madres* es ayudarles a que aprendan a manejarse en la
vida. Empezamos ocupándonos de todo lo que no pueden hacer por sí
mismxs, hasta que pueden hacerse cargo y empezar su propia vida. Es
decir, nuestra misión es conseguir que sean independientes.
La vía natural de aprendizaje autónomo, independiente, es la de explorar, sacar conclusiones y establecer su prioridad en nuestra escala de valores. Pero las exigencias de la sociedad actual, sobre todo en lo tocante a horarios y contacto con la naturaleza, no favorecen especialmente las oportunidades de explorar a nuestras anchas.
Lo que
sí está en nuestra mano es preguntarles, siempre que sea posible,
qué les interesa, cómo les gustaría que fuesen las cosas qué harían si estuviesen al mando. Según
esos intereses, podemos crear las condiciones adecuadas (disponer los
recursos materiales, humanos, emocionales, de seguridad, etc) para
que pueda experimentar lo que le apetezca.
Por ejemplo: Tenemos un niño de dos años del quien hay que esconder el papel higiénico porque, rollo que ve, rollo que destroza. Le podemos ofrecer un día de "fiesta del papel higiénico".
¿Cómo es esa fiesta? Primero te mentalizas de lo que va a pasar y después le aclaras a la criatura que puede hacer lo que quiera con un solo rollo siempre que no destroce ninguna otra cosa, no se haga daño y luego ayude a recoger. (Ahí cada quien que establezca las condiciones oportunas). Así el niño le puede dar un enfoque más completo al tema del rollo de papel mientras se da el gusto de que, al menos una vez, le dejen correr con su rollo por toda la casa (o por toda la habitación, o por donde sea).
A las personas, a menudo, no basta con contarnos las cosas: tenemos que experimentarlas. El niño se da cuenta de que habíamos dicho que sólo un rollo y que el rollo dura sólo un rato y luego hay que recoger todo eso, pues se comprometió al aceptar los términos de la fiesta, y de que es un desperdicio enorme de papel (aunque luego os podéis disfrazar de momias, usarlo de relleno para muñecos, cojines, etc, hacerlo todo bolitas y componer con ellas un cuadro...).
A partir de esa actividad, es probable o que pierda interés en los rollos de papel porque entiende los inconvenientes que plantean, o que se haga un experto en trabajos en papel higiénico porque todavía sea algo que le apasione. Pero, lo que es más importante, el niño ha podido saciar su curiosidad, ha entendido lo que significa comprometerse a algo, ha entendido que hacer una cosa conlleva prepararla, realizarla y recogerla, ha entendido que no es malo por querer explorar el papel higiénico, sino que a las madres* jugar con el papel nos conlleva un protocolo muy largo! y además habrá sacado muchas otras conclusiones.
Un
aprendizaje así es más efectivo de cara a lograr comportamientos
independientes que limitarse a regañarle cada vez que juega con el
papel higiénico...
Se puede hacer la fiesta de la harina, de las bolitas de poliuretano, del fuego, de meter las manos en las lentejas...
Otro
ejemplo, al hilo, sería el de una niña de cuatro años que "guarrea" con
la comida. Efectivamente, es algo asqueroso y muy poco deseable en el
comportamiento humano. Sería algo a corregir, digamos. Una opción
sería ponernos firmes y no dejar que guarrease con la comida, aplicando refuerzos negativos: se le
quita el plato, se la manda a comer a otro lado, se le pone un espejo
delante, etc.
Otra
opción, que es la que aquí preferimos, es la de
entender que la comida es una fuente de exploración inagotable,
parte de todas las culturas y que, si no la dejamos experimentar, le
estamos negando el acceso a un recurso de aprendizaje óptimo. Desde
este enfoque, la vía sería llegar a un acuerdo, por ejemplo:
"Guarrea todo lo que quieras siempre que 1) te comas todo lo que
toques y 2) lo dejes todo limpito después" porque yo no quiero ni tirar
comida ni tener que limpiar la zona cer. Otra vía sería
invitar a la criatura a cocinar y delimitar las posibilidades de
guarreamiento durante el proceso. No obstante, lo de tener comerse
los experimentos hace que vayan perdiendo rápidamente el interés no por
la exploración sino por el mero guarreo, pasando a formas de
experimentación cada
vez más finas.
